Milei ultima detalles de su gabinete

Milei ultima detalles de su gabinete: de los heridos del PRO a la mujer protagonista de una negociación clave.

A días de la asunción, el presidente electo define el futuro. Macri hiperconectado a 13 mil kilómetros de distancia, Bullrich negociando por las suyas y un ministro de Economía que todavía no es, pero casi seguro será.

Una nueva trama de poder acaba de empezar. Tiene un Presidente, una dinámica de funcionamiento, un círculo chico definido y una cuenta contra reloj de conflictos a resolverse en las próximas dos semanas.

Javier Milei asume el 10 de diciembre y quiere cambios estructurales hasta en el escenario de su ceremonia de asunción. Pasaron apenas seis días del batacazo electoral y el vértigo se acelera: escenas de pragmatismo explícito, jueves de internas desatadas dentro de LLA, Macri hiperconectado a 13 mil kilómetros de distancia, Bullrich negociando por las suyas y un ministro de Economía que todavía no es, pero casi seguro seráEl nuevo Presidente define el futuro. Es posible que la síntesis más completa la haya hecho un integrante esencial del entorno de Macri el domingo a la tarde, con el resultado en la calle. “Abrochate el cinturón. Están aseguradas las turbulencias. Bienvenidos a la dimensión desconocida”.

Esa mujer

El presente de Javier Milei depende de una mujer a la que ni siquiera conoce. Se llama Jimena y es la esposa de su probable ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo. Por inverosímil que parezca, la intimidad familiar del exfuncionario de Mauricio Macri es la razón que le dio a Nicolás Posse, el jefe de Gabinete de Milei, para pedirle tiempo. Fue el jueves en el hotel Four Season, un lugar que el nuevo Presidente usa desde hace dos años como centro confiable de reuniones que no quiere que trasciendan. Cuando recibió el mensaje de vuelta, el nuevo Presidente se agarraba la cabeza: ¿cómo que tiene que conversar con la mujer?

A Caputo no le daban las manos para responder WhatsApp ese día a las cinco de la tarde cuando todos los portales publicaban el enroque en Economía y ni hablar cuando Juan Napoli, el excandidato a senador libertario, lo subió a Twitter. En su intimidad, se juegan muchas variables. No solo la familiar, que es real. Le quedó un sabor amargo de su paso por el gobierno de Macri: “Tuvo causas penales, nadie le preguntó cómo pasarlas, se tuvo que pagar su propio abogado”. Y ni hablar la económica: le prometió a Milei 15 mil millones de dólares que no está seguro de poder conseguir. Y sin eso, cree que el puesto es inviable.

Desde Dubai, Macri empuja cómo puede. Sabe que le conviene no quedar como el autor de esta designación. Antes de partir, quiso organizar las “conversaciones formales” para diseñar si lo de ellos es un apoyo, un cogobierno, una alianza o una entrega masiva de curriculum vitae. Por ahora, las charlas entre los dos esquivan los conflictos y van más por las anécdotas: “Recuerdo la locura equivalente que tuvimos en 2015 y eso que nosotros veníamos con la gestión de Ciudad atrás”. Disfruta Macri de saber que este camino, Milei no lo puede recorrer en soledad.

Los heridos del PRO

En el medio, hay un montón de heridos. Cristián Ritondo escuchó que le ofrecían ser ministro de Seguridad para ver si liberaba su deseo de presidir la Cámara de Diputados. Dijo que no, claro. Y el apuro por sacar la turbulencia de las designaciones económicas de la escena, hizo que les pusieran fin a las especulaciones y filtraran a Bullrich en ese puesto. Ella suma a Luis Petri para Defensa. Es raro que ese dato clave, que reveló Maru Duffard en TN, no se esté filtrando con la intensidad que contiene. Victoria Villarruel se convirtió en una incógnita: sólo fue el lunes al Libertador y no está claro si le gustó que designaran a Bullrich en el lugar que ella quería para su pareja, Guillermo Montenegro.

El futuro ministro del Interior, Guillermo Francos, tiene delegada la estrategia política y juega fuerte. Está más preocupado por el apoyo peronista que por las aspiraciones del PRO. Eso se nota: “¿Cuántos somos los que dimos apoyo público después del acuerdo con Macri para el balotaje?”, se pregunta en voz alta un macrista explícito. “Fuimos cuatro o cinco. Todavía no nos llamaron ni para decirnos gracias”. Hay que mirar con atención lo que está pasando con el mundo libertario y Juan Schiaretti. Ya van dos funcionarios que entran a áreas clave (Transporte y ANSES). Es posible que sea solo el comienzo.

Los empresarios y Milei

Los hoteles dicen mucho sobre los resortes económicos del nuevo Presidente: Marcelo Wolodarsky, que opera el Four Seasons y representa al poderoso grupo de Dubai dueño de esa marca, solía recibir y acompañar personalmente a los invitados de Milei a las reuniones. Ahí fue Posse para ofrecerle formalmente Economía a Caputo. El Libertador, que dejarán estos días por recomendaciones de seguridad, pertenece a Eduardo Elsztain, el propietario de IRSA que no solo nunca se asustó con las ideas libertarias sino que se acercó, interesado, en su pensamiento lateral y disruptivo.

Para ver con claridad los apoyos empresariales no hacía falta más que pararse esta semana en la vereda de la sede libertaria: Sebastián Braun llegó excéntrico con su pelo largo el lunes feriado. Estaba exultante -fue uno de los primeros en creer y acompañar el proyecto de Milei-, acompañado de Eduardo Bastitta, el empresario de logística que se sumó intensamente como intermediario con Macri y como todoterreno en la fiscalización. También fue Marcos Bulgheroni a conversar con Guillermo Francos. Y no se lo vio, pero Gerardo Werthein recibió de Diana Mondino -y a esta hora aseguran que aceptó- la embajada de Estados Unidos. Muchos datos fuertes deben revelarse en Cancillería: ¿quién será el embajador en China? ¿A quién ya eligió Milei para Israel? ¿Se queda Scioli en Brasil?

La díada entre Milei y su hermana es una marca central en el nuevo ejercicio del poder

Él le dice “el jefe” pero no hay sometimientos en ese vínculo. No hay uno sin el otro. Muestras sobran. El nuevo Presidente recibió llamados de todo el mundo. Un mandatario latinoamericano cortó la comunicación sorprendido con la dinámica de la charla. En excelente sintonía ideológica, intercambiaron saludos un par de minutos, pero a la hora de resolver algunos intercambios futuros, el mandatario escuchó que le decía intempestivamente: “Te paso con Karina”. Y se encontró conversando con una desconocida.

Algo similar pero más cruel vivió Sergio Massa cuando en el atardecer del domingo llamó al ganador. Hubo varios testigos que escucharon esa conversación formal y de buen tono que duró apenas unos minutos pero que terminó de la misma forma: Sergio hablando con Karina. Ella será, contra su voluntad, la secretaria general de la Presidencia, el cargo más íntimo que tiene un mandatario donde no puede haber una persona que no sea de confianza.

Y en el otro lado…

La mesa es cuadrada. Ocupan sin dudas un lugar Malena Galmarini, el catalán Antoni Gutiérrez Rubí, Máximo Kirchner, Wado de Pedro y Juan Andreotti de San Fernando. Hay algunos más. La derrota cabe en esa mesa y Massa está sentado serio, calmo y apagado. Frente a él, del otro lado, sólo Axel Kicillof. Domingo, 19 hs. Varios de los presentes sólo podían pensar en lo gráfica que era esa escena. Otro nuevo mapa de confrontación de poder en el peronismo.

Esa noche, Wado de Pedro entró tarde al escenario donde Massa admitió la derrota antes de la difusión de los resultados oficiales. Se había atrasado por un intercambio tenso que venía desde el sur. Transmitió Wado que Cristina quería un discurso potente, retador. Su idea no prosperó, pero el ida y vuelta llegó casi hasta el escenario.

El ministro de Economía escribió con sus dedos el discurso de fin de juego. Persigue a estas horas la mente de Massa un número tramposo. Los 3.2 puntos que le hubieran permitido ganar en la general. El escrutinio definitivo de la lejanísima primera vuelta le dio 29.9 a Milei y a él 36,78%. Hubo una reunión de mesa chica al principio de la patriada electoral, aún antes de las PASO donde se discutió si la campaña era un menú de tres pasos o sólo de dos. Con una apuesta feroz y desmesurada en la general. Ganó el menú de tres pasos a sugerencia del catalán, que esta semana reconocía el error. Ya son reflexiones de ficción.

Diciembre cruel

Como una bomba con su cronómetro andando y un código de desactivación endemoniado, el 10 de diciembre acelera su llegada. Y diciembre siempre es incómodo en la Argentina. La lista de urgencias es interminable. Todas se conocen, pero miradas de cerca dan escalofríos. Un industrial que provee a las automotrices lo resume así: “Hace seis meses que no le pago a los proveedores de afuera. Entonces ya no me mandan nada. Seguí produciendo con el stock que tenía. Me quedé sin. Paré la planta, suspendí empleados. Voy a suspender más. Y ya apagué la máquina”. Ese pequeño eje en la cadena de valor de los autos argentinos es una anécdota. Todos los demás eslabones están en crisis.

Las cadenas de supermercados son una radiografía brutal de los huesos de este país. El martes, uno de los principales hiper esperaba los 250 camiones que rutinariamente llegan para abastecer de productos de una de las alimenticias líderes. Llegaron 120 y con una planilla que tenía aumentos de casi el 50%. Bajaron la mercadería, pero no aceptaron el precio. Esa escena se repitió el miércoles y el jueves ya estaban calculando que no había manera de llegar a la semana que viene sin una crisis de desabastecimiento. “Cuando no tenés azúcar, ponés tuppers. Ya no sabemos con qué frentear las góndolas”, reconoce el dueño de uno de los hipermercados. Sergio Massa sigue obsesivamente esa variable. Su capacidad de presión quedó reducida a la nada.

Hay algo todavía mucho más profundo que la inflación sucediendo en los locales de las grandes cadenas: los clientes llegan a las filas de caja con carritos que no saben si podrán pagar. Como nunca antes, les piden a los cajeros que les informen los subtotales a medida que van pasando sus productos y la cantidad de compras que no pueden llevar es tan grande que en los últimos seis meses los super tuvieron que montar una logística cada vez más grande en tamaño y personal para devolver a las góndolas lo que los clientes dejan en la línea de cajas. “Vemos escenas tristísimas”, admite un empresario.

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