Las señales de Javier Milei fiscalización y debate

Las señales de Javier Milei. Mientras se discute cómo se concretaría el acuerdo con Macri y Bullrich, en LLA dejan claro dos cosas. En el PRO apuntan a la fiscalización y Massa, al debate.

“Si es presidente hay que ayudarlo, sino va a ser todo más caótico”. Patricia Bullrich ya anticipa, en diálogo con otros dirigentes de Juntos por el Cambio, el farragoso futuro que visualiza aunque se logre el objetivo de que Javier Milei le gane el balotaje a Sergio Massa el próximo 19 de noviembre. Una elección que todos los encuestadores visualizan como abierta, con una definición que probablemente se dé en las últimas 72 horas e incluso el mismo día de la votación.

El cómo ayudarlo a Milei si llega a la Casa Rosada es todavía materia de elucubraciones. En el macrismo aseguran que el apoyo fue “incondicional” y que no esperan cargos a cambio. Sin embargo, los nombres comenzaron a proliferar. Jorge Triaca, Germán Garavano y Guillermo Dietrich son de los que más suenan como impulsados por Mauricio Macri. También economistas como Federico Sturzenegger, Luis Caputo o Guido Sandleris. 

Cerca de Bullrich aseguran que eso no fue puesto sobre la mesa de discusión y que, en todo caso, debería hablarse después del 20 de noviembre y si Milei lo considera necesario. “Ella no lo está haciendo por los cargos, o por conveniencia, lo hace porque está convencida de lo malo que pueden ser para el país diez años de poder massista”, explican en el entorno de la excandidata presidencial de Juntos por el Cambio y marcan una diferencia de criterio con Macri. 

En paralelo, celebran los resultados de la movida para anticipar el apoyo a Milei en el balotaje. “Es ahora o nunca”, le habría dicho Bullrich a Macri para no dilatar una definición que, consideran, hubiese sido mucho más difícil y menos rentable en votos si se dilataba.

Las señales de Javier Milei

Javier Milei, por su parte, no da pistas al respecto y prefiere mostrarse concentrado en las últimas dos semanas antes de la segunda vuelta. En su equipo ya tienen en claro que la estrategia en los próximos días tiene que ser hablar permanentemente del presente. Inflación, pobreza, reservas, dólar, nafta, insumos, todos temas de los que Massa no puede dar una respuesta positiva. Por eso los nuevos mensajes en redes buscan instalar esa idea.

Mientras tanto, mandó dos señales claras. Por un lado, al ingresar el jueves al Congreso dijo que “no se negocia ningún punto” de su política económica. Y resaltó los dos (¿únicos?) que más se repitieron en la campaña: la dolarización y la eliminación del Banco Central.

La segunda señal, en tanto, fue seguir difundiendo nombres de su eventual Gabinete. Aún sin demasiados detalles, cada vez está más claro que Nicolás Posse podría ser su jefe de Gabinete, Guillermo Francos ministro del Interior, Sandra Petovello ministra de Capital Humano, Guillermo Ferraro de Infraestructura, y, tal vez, Diana Mondino canciller. Y van a seguir apareciendo nombres en las próximas horas, para dar imagen de que tiene un equipo propio capacitado.

El problema es que para completar la estructura de un Gobierno nacional se necesitan cientos de nombres, entre segundas y terceras líneas, que tienen que tener un conocimiento previo del funcionamiento del Estado. Es uno de los aprendizajes que se llevó Cambiemos en los primeros meses de la gestión Macri.

En donde ya comenzó la ayuda, y no lo ocultan, es en la fiscalización. “Ahí el tema no es tanto la cantidad de gente, sino cómo organizarlos”, explican en el PRO. En una elección que se prevé tan peleada, cada punto puede ser clave en el resultado final. Y viendo el desempeño del aparato peronista el 22 de octubre, en el macrismo están convencidos que el sistema de control debe funcionar con un esquema “bien casta”. Apuntan a la experiencia en la materia de dirigentes como Cristian Ritondo, Joaquín de la Torre, Sebastián García de Luca, y no a quedar librados a la suerte de voluntarios sin los conocimientos necesarios para lidiar con los punteros del PJ.

Al estilo Milei, los contactos igual son medio “anárquicos”, en palabras de un dirigente amarillo. Paula Bertol, Juan Pablo Arenaza y Ritondo son algunos de los delegados del PRO para negociar. Macri también sumó a José Torello y Dietrich. De La Libertad Avanza, Guillermo Ferraro y Fernando Cerimedo son los que coordinan el tema. 

Javier Milei y la fiscalización

De los 120 mil fiscales que se calcula que se necesitan para cubrir todo el país (son 104 mil mesas), el PRO asegura que puede cubrir la mitad. Incluso cuentan que lo que era la estructura de Horacio Rodríguez Larreta en el interior, gran parte está alineada. “Desde abajo surge el reclamo a los dirigentes, no quieren que llegue Massa al poder y dicen que hay que hacer lo imposible”, cuenta una fuente macrista.

A ellos apuestan a sumar a buena parte del radicalismo. Se los pidió Macri a los referentes con los que mantiene la línea abierta (que no son ni Gerardo Morales ni Martín Lousteau, claramente). “Aunque no lo voten, no se lo puede dejar solo y sin fiscalización”, le planteó, entre otros, a Alfredo Cornejo, Ernesto Sanz y Gustavo Valdés.

El gobernador electo de Mendoza ya recogió el guante. Entre semana, en una entrevista televisiva en TN, fue contundente al decir que Juntos por el Cambio “debe hacer un esfuerzo por la fiscalización”. El viernes compartió el fragmento en redes sociales con el mismo mensaje y lo justificó en la necesidad de “garantizar una elección limpia”. Neutralidad republicana.

El desafío “psicológico” de Sergio Massa

“Es muy difícil hacer campaña en contra de un meme”, bufan en el comando de Unión por la Patria. Se saben especialistas en el manejo de una campaña electoral, y más con un candidato que juega en las altas ligas de la política como Massa. Sin embargo, dudan de cómo encarar los desafíos que plantea Milei

“El mayor problema de Milei es Milei”, razonan en el massismo y reconocen así el problema de que las balas no le entran de la misma manera que si se tratase de un político tradicional, aunque se ilusionan con que podría terminar disparándose a sí mismo.

Hay un momento que en el búnker de Massa consideran que puede ser determinante: el debate del 12 de noviembre. “El formato de debate está hecho para que le salte la cadena, no hay manera de que salga indemne”, anticipan. Es lo mismo que decían en el entorno de Bullrich en la antesala a los debates anteriores, en lo que buscaban que reaccione y muestre su faceta más agresiva. Eso finalmente no pasó y Milei quedó bien parado.

Ahora, sin embargo, el esquema cambió. Son solo dos, tendrán muchos minutos para interactuar entre sí, se podrán mover por el escenario, y la Cámara Electoral no les permitirá tener papeles. Este último punto fue el principal reclamo del equipo de Massa, quienes machacaron con que en los debates anteriores tanto Milei como Bullrich no los usaron como ayuda memoria, como se había pautado, sino directamente para leer. “Javier no leyó, se puso los anteojos porque así se ve más interesante en cámara”, dicen que argumentó, palabras más o menos, Karina Milei para defender a su hermano.

De cara a las próximas dos semanas, el ministro de Economía buscará hacer eje en “el territorio” y en “seguir hablándole a la gente”. A diferencia del libertario, que apuntará al presente, Massa seguirá intentando que la discusión se posicione sobre el futuro.

Sobre todo, sobre el eje de quién está mejor preparado para ser presidente. Creen que un Milei guardado, sin exponerse demasiado, les puede dar un campo para sumar. Y apuntará a algunos puntos clave del interior y del Conurbano. “El 22 de octubre ganó la política y el territorio. Nos tenemos que seguir apoyando en eso”, resumen cerca de Massa.

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