Salud o elecciones para suspender las PASO

Política

El Gobierno reflota un planteo binario de la cuarentena para suspender las PASO: ¿salud o elecciones?

Cambió el argumento que esgrimen en Olivos y buena parte de los gobernadores. Ya no se trataría de ahorrar el costo del comicio, sino de evitar la concentración de gente a la hora de votar. Se contradice con hechos propios y también con el discurso exagerado de la vacunación

El último domingo de noviembre, tres integrantes del gabinete nacional viajaron a Córdoba para festejar el triunfo electoral del peronismo en el municipio de Río Cuarto. Apenas unos días antes, la tentación política había precipitado un penoso velorio de Diego Maradona, en lugar de garantizar una despedida masiva pero cuidada como terminó siendo de manera espontánea en el recorrido final. En el medio y después, se suceden y son corregidas informaciones oficiales sobre fechas y objetivos de vacunación para contener el coronavirus. Son tres imágenes diferentes sobre el peso y la atención de la cuestión sanitaria. Cuesta entender entonces la vuelta a los extremos forzados de los primeros meses de la cuarentena para motorizar la suspensión de las PASO. ¿Salud o elecciones? Suena a aquellos días de “salud o economía, vida o muerte”.

Faltan más de ocho meses para las elecciones primarias. Y al menos cuatro meses para que el cronograma electoral –empezando por los padrones- exija definiciones tajantes sobre su realización o baja. Es un tiempo suficiente para discutir, además, si ese fuera el objetivo, cómo mejorar el sistema, incluyendo desde el tipo de listas –que no es un tema formal- hasta la posibilidad de suspensión si todas las fuerzas presentan listas únicas, como ya ocurrió. En cualquier caso, se trata de decisiones políticas. Y asoma como una decisión política encubierta la eliminación de un turno electoral en función del puro cuidado sanitario y como si no existiera cálculo alguno.

La letra fue cambiando en velocidad. La mayoría de los gobernadores –peronistas, dos radicales y algunos provinciales- coincidió en intereses y objetivos con algo que ya se venía tanteando desde Olivos. La línea inicial apuntaba a destacar el costo económico que sería podado –luego de rechazar cualquier ajuste de la política, frente a la resignación de ingresos de buena parte de la sociedad-, para atender centralmente los esfuerzos presupuestarios que viene demandando la atención de la pandemia.

Ese argumento sufrió una corrección: fue borrada o relegada la referencia al “gasto”, para destacar que la preocupación oficial, empezando por Alberto Fernández, tiene que ver con asegurar las medidas de distanciamiento o eventual vuelta al aislamiento. En otras palabras, se trataría de evitar la movilización y concurrencia de miles de personas a los centros de votación. En ese camino, los gobernadores, con pinceladas paternalistas, exponen que no confiarían demasiado en los comportamientos individuales y colectivos. Hablan de sus “esfuerzos” para “cuidar la salud de nuestro pueblo”.

El telón de la puesta en escena ya fue descripto: fuentes del oficialismo y la oposición coinciden en que la jugada en marcha favorecería en principio a los oficialismos, a escala nacional y de cada provincia. Eso, en el supuesto de que cada jefe domine el tablero –es un interrogante a gran escala, si se considera el complicado juego entre el presidente y Cristina Fernández de Kirchner- y que el poder en cada nivel termine operando como “factor ordenador”. Más difícil serían las cosas para los opositores, con liderazgos y jefaturas en discusión. Después, los resultados describirían los efectos concretos de tales decisiones, sin la prueba previa del comicio para la “selección” de candidatos, es decir, las PASO. Por supuesto, la apuesta también incluye la esperanza de un octubre más alentador que agosto en términos económicos y sociales.

El impulso a la eliminación del capítulo de las primarias, se sabe, alimenta internas en la oposición porque dos gobernadores –Gerardo Morales y Gustavo Valdés- y seguramente los legisladores jujeños y correntinos que les responden se cuentan entre los avales. Con el agregado –se destaca en el Gobierno- de darle sentido de consenso a la movida. Pero los bloques se muestran mayoritariamente en contra, al igual que la numerosa conducción de JxC. Hace tiempo se pronunciaron y tal vez lo ratifiquen en los próximos días.

En el oficialismo, y especialmente en el kirchnerismo duro, la idea tiene sus críticos, por ahora con cautela. Inquieta en la proyección a futuro y especialmente considerando la disputa por el peso territorial. Eso concentra la atención en el futuro de las PASO provinciales, con natural y particular foco en Buenos Aires. No son los únicos inquietos por el panorama local.

Si el armado político para sostener la suspensión tiene éxito, la suerte se jugará en la Cámara de Diputados. Allí, el Frente de Todos deberá tejer con decisión otra vez para lograr el número. Y después o en paralelo, se desatará la pelea para seguir el mismo camino en los distritos que replicaron el sistema de las PASO para definir las listas provinciales y municipales. En Buenos Aires, la llave está en el Senado, con mayoría de JxC. Y en la Capital, Horacio Rodríguez Larreta juega en contra, bajo tensión más amplia por el recorte de fondos a la Ciudad.

Hay datos llamativos e interrogantes sobre el efecto social de esta pelea. Por lo pronto, la elección de Río Cuarto fortaleció en el discurso oficial la consigna de la unidad del peronismo en sus distintas versiones como garantía de triunfo. Viajaron Santiago Cafiero, Eduardo Wado De Pedro y Gabriel Katopodis para encabezar los festejos, a los que se sumó Alberto Fernández por videoconferencia. Nadie habló de otro dato: la baja concurrencia a las urnas, que arañó el 50%. Se puede especular sobre una combinación de temor al coronavirus, mal tiempo y malestar social. Difícil saber en qué grado cada ingrediente.

La urgencia por suspender ahora las futuras PASO hace que sea mejor guardar el tema que seguir exponiéndolo. Pero no ahorra ironías de hecho. Algo que también se expresa en la intención de imponer otra agenda y una salida de esperanza frente a la pandemia, la cuarentena y el distanciamiento: la vacuna.

Quizá la mayor contradicción sea esa: la necesidad de mostrar una salida de respiro frente al coronavirus junto al discurso sobre riesgos sanitarios para suspender las elecciones primarias. El propio presidente reiteró que antes de fin de año arrancará una módica y primera etapa de vacunación, para escalar a 5 millones de vacunados por mes en enero y febrero. A ese ritmo, para agosto, casi todos los argentinos estarían a resguardo.

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