Hasta cuándo puede durar el «dólar planchado»

Economía

Hasta cuándo puede durar el «dólar planchado» y cuáles son las jugadas menos conocidas del Gobierno.

El mercado cambiario está viviendo una semana particular. El dólar oficial, el «ahorro», históricamente la cotización más barata, es hoy la más cara entre las opciones disponibles para acceder al billete estadounidense. Son momentos de paz y de estabilidad en las distintas cotizaciones, sin grandes saltos y con variaciones marginales.

A las 13 del viernes, los precios son los siguientes: el «ahorro» se vende a $153,93; el contado con liquidación (CCL o «cable»), a $153,30; el blue, a $151 y el MEP, a $150,76. Esta «tabla de posiciones» contra la corriente es una combinación de factores que, este verano, incluyen venta de bonos, bolsillos ajustados y torniquetes sutiles en el cepo.

El reflejo más fiel de la paz cambiaria es la dinámica de las reservas del Banco Central, señala Fernando Marull, de la consultora FMyA. Esta semana, desde el lunes hasta el jueves, la autoridad monetaria compró unos US$180 millones, señala. El agro, por su parte, aumentó la liquidación y volcó al mercado unos US$400 millones en ese mismo período.

Aun con el inicio de mes y todo lo que eso implica para los (pocos) compradores de dólar «ahorro», que pueden hacerse de su cupo mensual renovado, fue una semana positiva para la institución que dirige Miguel Pesce. Por el momento, el tipo de cambio oficial se administra al ritmo de la inflación.

En enero, el avance fue de 3,76%, un poco por debajo de la inflación proyectada para ese mes. Esta tranquilidad que reina hoy depende hoy de dos variables, señala Marull: la liquidación del agro, ayudada en este momento por la lluvia, y los ajustes sutiles del cepo.

Algunas postales de esos ajustes sutiles en el cepo fueron la restricción a las importaciones de bienes suntuarios, los llamados del Gobierno a empresas automotrices y de bienes durables para consultar por sus proyecciones anuales de importaciones y los faltantes que se verifican en algunos rubros, como el de las computadoras.

Esa es la primera de las estrategias, quizás la que hoy está sosteniendo al mercado oficial de cambios, dice Marull. «Es un cálculo de almacenero diario en el que el Central ajusta», describe. Esta dinámica se va a empezar a complicar cuando baje el volumen del factor agro, es decir, cuando caiga la liquidación este mes y el que viene y haya que esperar nuevamente a la soja para robustecer las reservas del Central a partir de abril o mayo.

El Gobierno lo sabe: quizás en esta línea fueron los comentarios de la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, quien sugirió que no se descarta una suba de retenciones. Algunos economistas lo leyeron como un llamado a apurar la liquidación.

Por otro lado, los tipos de cambio financieros despertaron en enero después de dos meses «pisados». El mes pasado, el MEP avanzó 5,6% y el CCL, 7,3%. En este mercado, dice Marull, siguen firmes las intervenciones oficiales a través de la venta de bonos en dólares para mantenerlo a raya. El economista calcula que el Gobierno vende aproximadamente unos US$8 millones por día.

Para Juan Ignacio Paolicchi, analista de la consultora Empiria, los tipos de cambio financieros son la señal de alarma en contra de la «paz cambiaria», porque desde que comenzó el año hasta ahora el CCL avanzó 8,5%, «lo que puede ser relevante para el nivel de precios si se siguen pisando importaciones» y, de ese modo, estos tipos de cambio comienzan a ser incorporados dentro de la ecuación de precios ante el faltante del dólar oficial.

Pero para analizar lo que está pasando en el mercado de cambios y proyectar hasta cuándo se podría sostener, hace falta entender la voluntad oficial. «El Gobierno apuesta a estirar este escenario de depreciación ‘ordenada’ del tipo de cambio oficial y mantenimiento de las brechas en los niveles actuales, que igualmente son muy elevados y generan distorsiones, hasta las elecciones», sentencia María Castiglioni, de C&T Asesores Económicos.

Desde abril, el Gobierno está contando con un plus de divisas, señala la economista. «Valorizando la cosecha, neto de la caída de volumen esperado, y gracias a la fuerte suba de precios especialmente de la soja, habría entre US$8000 y US$10.000 millones adicionales; el gran desafío va a ser la liquidación», proyecta.

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