Empoderamiento: qué es y cómo alcanzarlo

Una reflexión acerca de este proceso cuyo objetivo es tomar las riendas de nuestra propia vida.

Hemos consensuado que nuestros padres deben ser perfectos. Deben comportarse de tal o cual forma. Deben ser impecables. Deben darnos amor, cuidarnos, darnos un buen ejemplo. A partir de cierto momento, hemos grabado a fuego en nosotros que nuestros padres deben, deben, deben.

Por otro lado, como hijos deshabitamos muchas veces nuestro rol esencial, y en vez de ello nos erigimos como jueces. Juzgamos actitudes, comportamientos, omisiones y todavía más: los condenamos. Con la condena que ejercemos a nuestros padres, no solo actuamos con soberbia, sino que nos ubicamos en el rol de víctima, sin darnos la posibilidad de asumir la responsabilidad de quienes somos y más aun, de quienes queremos ser.

Estos comportamientos nos detienen en el desarrollo evolutivo propio de la naturaleza. Nos dejan con un “ser en potencia”, sin activar. Existen infinitas opciones que podemos elegir como destino, sin embargo con frecuencia miramos con actitud crítica y hacemos responsables a nuestros padres de lo que hoy somos, fijamos la mirada en el pasado. Y mirando en esa dirección no podemos construir un futuro.

Nos amarramos. Otorgamos el poder. “Soy así porque mi mamá me hizo esto”, “soy así porque mi papá no hizo aquello”. Nos estancamos en la creencia de que “somos así”, porque alguien fuera de nosotros, sea quien fuere, se comportó o se comporta de determinada manera.

Uno de los top ten en desarrollo personal hoy es el empoderamiento. Palabra tan mencionada por coaches y expertos en ese enfoque.

Desde su introducción en “el mercado” a partir de los años 60, este proceso de empoderarnos estaba vinculado al trabajo comunitario y social, direccionado a la cooperación para el desarrollo. ¡Sí, cooperación para el desarrollo!

Bajándolo a tierra, “empoderarnos” implica un proceso que tiene como fin ser dueños de nuestra propia vida. Empoderarnos es volver a sostener, cultivar y desarrollar responsablemente el poder de nuestra propia vida. Algo similar a la libertad.

Lo cierto es que hay factores que escapan a nuestra zona de control. Siempre los habrá. No podemos controlar las actitudes de las personas. No podemos volver al pasado y hacer que las cosas sean diferentes a como fueron. Simplemente no podemos. Entonces a empoderarnos, a elegir desde aquí y ahora. No importa cuán cruel o no fue lo que pasó en nuestras vidas. Lo que importa es que tenemos una magnifica opción y es la de tomar las riendas e ir hacia donde queremos. Con más o menos dolores por el pasado, con más o menos disgustos referidos a lo que el ego dice sobre cómo debieran ser las cosas. Con más o menos trabajo personal. Lo fundamental es hacernos responsables y, si queremos seguir anclados, hagámoslo, pero siempre sabiendo que es nuestra elección.

Ya lo decía Sartre “Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él” . En este proceso entra en juego y se pone de manifiesto la compasión. Palabra o, mejor dicho, actitud clave en la filosofía budista. Cuántas veces olvidamos que detrás de ciertos comportamientos de quienes juzgamos hay dolor, hay un ser que sufre, hay un ser que hace lo mejor que puede, aunque ese mejor no siempre sea lo “mejor”.

Pasamos por alto entrar en la mirada, el reflejo del alma. Olvidamos que detrás de cada par de ojos hay una historia que ni siquiera conocemos, aunque creamos conocer. Olvidamos que cada generación vive en un tiempo diferente. En contextos diferentes y no siempre es fácil adaptarse a lo nuevo. Olvidamos el ser humano que a veces se esconde detrás de papá y mamá. No contemplamos que hubo una niñez, que también hubo traumas, hubo soledades y dolor, además de las alegrías que siempre vienen incluidas en la vida.

Esta vez, la propuesta es sabernos seres adultos capaces de comprender. Seres compasivos, lo que no necesariamente implica estar de acuerdo con la mirada del otro. Conectar con nuestro propio dolor y con el dolor ajeno, en este caso el de nuestros padres. Desarrollar la empatía y la compasión relacionada al deseo de que todos los seres sean felices.

Sabemos que no es tarea fácil hacernos responsables cuando en realidad nos han educado para vivir desde afuera hacia adentro. Nos han hecho creer que lo que hay fuera de nosotros tiene el poder para hacernos sentir bien o mal. Nos han educado en la falacia de que somos felices o infelices a costa de lo que hay o deja de haber afuera.

No siempre es simple emprender el otro camino. No siempre es fácil penetrar en la certeza de que podemos elegir. No se trata de elegir lo que nos toca vivir, pero siempre tenemos la posibilidad de hacer elecciones sobre cómo actuamos frente aquello que no podemos cambiar.

Hay una vida que nos espera para experimentar la verdadera libertad. La sensación de saber verdaderamente que podemos elegir nuestro camino a seguir. Animémonos a dar un paso, un gran paso hacia la libertad. Arriesguémonos a ser quienes realmente querramos ser. El potencial ya está puesto en cada uno de nosotros desde el momento en que llegamos a la vida. Las excusas seducen, pero no son tierra fértil.

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* Anna Fedullo es Terapeuta Transpersonal e Instructora de Meditación y Mindfulness. Forma parte del equipo de Comer despierto.

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